domingo 12 de junio de 2011
Capítulo 38
No tenía tiempo que perder, el veneno recorría mis venas como si fuera plomo fundido, así que decidí embestir contra él con dureza, sin darle tregua, después del combate podría descansar un poco y reponer fuerzas con su sangre, si los cuervos dejaban algo ya que no dejaban de mirarnos con sus ojos, impacientes por probar nuestra carne.
Ataqué frontalmente, pero al estar tan débil me esquivó sin problemas, estrellando el acero de mi espada contra la fría y dura piedra de la fuente central, aunque me tenía de espaldas a él no me atacó, seguía ceñiéndose a sus ideales nobles. Volvió a esperarme en guardia, sabía que estaba débil, en aquel momento pensé que los cuervos me estaban esperando para devorar mi cuerpo y llevar mi alma a los infiernos.
El filo dorado de su florete resplandecía con la luz del lugar, notaba como sus ojos oscuros se posaban sobre mi mientras su rostro inmutable no desvelaba ni un ápice de alegría, eso me desesperaba. Me volví para volver a enfrentarme a él, más cuervos bajaron del tejado y se posaron alrededor de nosotros, sobre la fuente, los pequeños arboles y setos que decoraban aquel jardín. Decidí centrarme en su arma, si conseguía romperla la victoria sería mía, así que embestí duramente contra su florete, nuestros filos chocaban con fuerza, él se limitaba a esquivar la mayoría, sabía que un golpe certero haría añicos su filo, aunque no conseguía romperla al menos lo estaba agotando poco a poco, su herida no paraba de sangrar y poco a poco su rostro empezaba a reflejar una palidez de ultratumba.
Sus movimientos eran precisos, su mano danzaba con el florete mientras sus pasos marcaban el ritmo, su estilo me impresionaba, nunca antes ví algo semejante, acostumbrado a la crudeza de la guerra, estos estilos refinados nunca me habían despertado el menor interés. Pero no podía darle tregua, sabía que si tenía la oportunidad lo atravesaría sin mostrar ninguna compasión, sin importarme lo más mínimo si era honorable o deshonroso, una bestia no entiende de moral y ética, solo de vida o muerte.
Barnabás se defendía pero también intentaba darme alguna estocada, ahora buscaba puntos vitales, si podía atravesar mi cuello lo haría, era la deficiencia de su arma, que solo podía clavar y hacer pequeños cortes, pero para cortar un miembro o degollar a alguien necesitaba más filo y acero. Entonces me fijé en lo que nos rodeaba y en como cuando llegué el alimentaba a un cuervo, si atacaba a los animales tal vez él ardería en cólera.
Me alejé de él, en ese momento le extrañó pero al ver mi sonrisa en mi cara comprendió que mi maldad no tenía límites, y que haría todo por la victoria, me dirigí a la fuente, con fuerza y saña empecé a destrozar a aquellas aves, convirtiéndolas en carne picada y sangre, sus plumas negras envolvieron el lugar, como una extraña y siniestra lluvia que caía sobre la piedra del suelo y el agua de la fuente.
Como esperaba, Barnabás se llevó las manos a la cara, horrorizado, como si en ese momento estuviera acabando con su familia o desmembrando su alma, gritando de cólera y cayendo de rodillas, sus ojos ardían en ira y sus lágrimas recorrían su rostro, un rostro que al fin mostraba sentimientos.
Se levantó empuñando su florete con fuerza, respirando sonoramente, sus ojos habían perdido la serenidad de aquel jardín, ahora si empezaba el verdadero combate, entre dos bestias. Corrió hacia mi gritando, encolerizado, hasta que nuestras espadas se volvieron a encontrar, notaba su aliento y enseñaba sus fauces rabioso. Ahora era evidente mi superioridad, ataqué sin piedad y él respondía hasta que logré desarmarlo, su florete salió volando y rompió una de las cristaleras cuyos cristales cayeron en cascada mientras los ojos de Barnabás se apagaban, pero antes de que su brillo se apagara se los corté, atravesando el filo de mi espada por la cuenta de sus ojos quedándolo ciego y sumido en las desesperación y los gritos de dolor, ahora si había probado la verdadera oscuridad gracias a mis manos.
Cayó al suelo, arrodillado, con los ojos ensangrentados y perdido; los cuervos empezaron a bajar y a arremolinarse alrededor de él, esperando la venida de su muerte. Con paso firme avancé hasta él, los cuervos se apartaban a mi paso dejando un pasillo hasta él mientras seguían mi avance, como un verdugo que sujeta su mejor hacha para acabar con la vida del reo. Me paré ante él, sabía que estaba allí y se resignó, sin mediar una palabra como queriendo no estropear aquel último rito. Me acerqué lentamente hasta su cuello y clavé mis dientes con fuerza, noté incluso como sus vertebras crujían ante el paso de mis fauces y me alimenté de su sangre espesa y negra, su sabor no era muy diferente al de la sangre roja, pero me sirvió para recuperar algo de mi vitalidad y agilidad.
Cuando absorví toda su sangre deje caer su cuerpo lentamente, los cuervos esperaban ansiosos su festín, le dí la espalda, salí de aquel tétrico circulo y se inició el banquete, los cuervos luchaban por la carne de aquel que había sido su señor y amo, pero ahora los alimentaría por última vez, en pocos minutos no quedó más que los huesos y su traje elegante. Crucé de nuevo la puerta de la cristalera y ví su florete en el suelo, algo en mí me hizo tener un último gesto con él, la cogí y la llevé junto a lo que quedaba de su cuerpo dejándola en su mano, un soldado siempre muere con su arma en la mano.
Tras aquello me encaminé por el largo e infinito pasillo de aquella fortaleza en busca de mi ansiada venganza.
Nota del autor: como dije, le he querido dar un relato acorde con el personaje, lo de la sangre negra espero no haberla copiado de la película "El cuervo", no recuerdo si la tenía de ese color, espero que no, no me gusta plagiar ideas ni asociar este personaje con ese. Nos leemos y supongo que estaré una temporada sin escribir, 3 capítulos en dos días es demasiado para mi XD, gracias por leerme y seguirme.
sábado 11 de junio de 2011
Capítulo 37
Los cuervos se mantenían alejados, expectantes de la batalla, esperando el momento en que cayera alguno de los dos para ser su alimento, mirando desde las alturas la escena. Sus estocadas cada vez estaban más próximas, hasta que logró alcanzarme en una ceja la cual empezó a sangrarme, pero eso no le hizo parar, prosiguió hasta que me tuvo atrapado con mi espalda contra una de las columnas de piedra de la cristalera, pero en ese momento paró, me miró fijamente y se dió la vuelta dándome la espalda para mi asombro.
Caminó de nuevo hasta el centro de aquel jardín, se recolocó el traje y quitó la corbata dejándola caer en el aire, en ese mismo instante un cuervo salió volando y la recogió llevándose la prenda como si se la guardase a su amo. Tras aquello se abrió el cuello de la misa y volvió a ponerse en guardia haciéndome un gesto de que volviera al centro para reiniciar la lucha. Su gesto me pareció demasiado noble, desde siempre era partidario de acabar con el enemigo cuando se tenía oportunidad ya que nunca se sabía si las tornas se podrían volver y perdonarle la vida en aquel momento podría significar que su acero atravesara tu corazón, solo por creer que se es superior o por querer dar una muerte digna al enemigo.
Avancé hasta él, me limpié la sangre de mi cara que goteaba hasta mi barbilla. cuando estuve ante él lo miré fijamente a los ojos, quería que los observara bien y pronuncié unas palabras para que se tomara en serio aquel combate: "En el campo de batalla, cuando tienes la oportunidad de acabar con el enemigo lo haces, perdonarle la vida puede significar que un compañero tuyo muera a manos de él o que tú mismo mueras en esa nueva ocasión.", tras aquellas palabras me puse en guardia y esperé su ataque pero no atacó, bajó su florete y me respondió con su peculiar tono de voz: "En el campo de batalla todo vale, y tanto tú como yo hace mucho que debimos haber muerto, si muero al menos sé que mi carne servirá de alimento a los cuervos y mi alma seguirá viva en tu memoria."; se volvió a poner en guardia, con su rostro impasible como el de la muerte, tal vez con sus palabras me había ganado pero con filosofía no se ganan las guerras, solo con el acero y la sangre derramada de aliados y enemigos.
El tiempo pasaba, el veneno cada vez me hundía más, mi corazón latía más lento, aquella lucha estaba siendo demasiado larga para mi gusto, pero de nuevo inició la lucha, sus estocadas eran ahora más rápidas, ya no buscaban mi cara o mi corazón ahora iba a por mis miembros, intentaba cortar alguno de mis brazos o de mis piernas, así la lucha sería aún más fácil para él y más humillante para mí, pero no estaba dispuesto a ceder ni un solo paso, esta vez aproveche la superioridad de mi espada, le obligué a tener que defenderse, su florete no le ofrecía la suficiente cobertura, hasta que logré alcanzarle para su sorpresa en uno de sus costados, hundí mi espada pero no lo suficiente para causarle una herida mortal.
Barnabás retrocedió, llevándose la mano a la herida, se quitó su chaqueta negra y vió que su camisa estaba rasgada y manchada de sangre pero, algo no era normal, su sangre no era roja sino negra. Como podía ser verdad aquello, si era humano como era posible aquello; miró su mano manchada de sangre negra y sonrió, resignándose, como si supiera que iba a pasar. Dejó su chaqueta sobre la piedra de la fuente y volvió a ponerse en guardia, algunos de los cuervos que nos observaban desde lo alto bajaron y se posaron encima de la fuente, como el presagio de que alguien iba a morir inminentemente.
Estábamos de nuevo frente a frente, nuestras espadas firmes, no nos temblaba el pulso pero de repente él dejo la guardia, agitó su espada y empezó a caminar de un lado a otro, mirando al suelo, murmurando algo consigo mismo, como si en su interior se librara una lucha con sus pensamientos, cuando terminó, suspiró un instante, colocó sus pies en la posición de guardia que le era más apropiada y alzó su florete de oro, besando su empuñadura.
Nota del autor: dejo este capítulo aquí, así con toda la tensión del momento, entre otras cosas por que no se como acabar con este enemigo, al menos darle un final memorable acorde con su carisma, espero que os haya gustado y no demorar mucho el siguiente capítulo ya que últimamente tengo bastantes cosas que solucionar.
Gracias por leerme y no olvidéis comentar alguna sugerencia.
Capítulo 36
Aquel lugar daba la impresión de claustrofóbico, rodeado de cientos de soldados negros con un afilado pico y en el centro de todo aquello, su señor que no se diferenciaba mucho de ellos dado sus ropajes. Caminé entre los setos de hojas hasta que estuve frente a él, el cuervo dejó de comer y salió volando, aquel personaje se percató de mi presencia que hasta entonces le pareció indiferente. Sus ojos oscuros se posaron en mí, sin decir nada, solo miraba la profundidad de mi mirada y de repente se levantó con rapidez, se quitó el sombrero dejando caer una fina y negra cabellera que le llegaba hasta la mitad del torso y con una reverencia se presentó, con tono grave pero rápido, sus palabras parecían que querían huir de su boca y terminando la frase con un tono final que alargaba la última vocal.
Su presentación no me sorprendió, su nombre era Barnabás Corbeau, noble caballero de la Orden de Hellsing y fiel servidor de la organización. Aunque presentarme en aquel momento me parecía ridículo ya que él sabría con quien estaba hablando en aquel lugar pero pensé que así al menos le dejaría un poco más de tiempo vivo y tendría un nombre que esperar en las puertas del averno.
Cuando terminé de presentarme aquel hombre cogió su espada de la fuente, se aflojó la corbata de su cuello, me observó por un momento y desenvainó su espada que resplandeció con brillo dorado, estaba hecha de lo que parecía oro, pero su hoja no era la de una espada normal, era final y puntiaguda, parecía un alfiler más que una espada, se trataba de un florete, un arma un tanto frágil lo que me hizo suponer que no sería su principal arma. De su boca salieron palabras de desafío, diciendo que si estaba allí era para luchar.
Me quedé observando su arma, su empuñadura plateada que se enredaba en su muñeca protegiendo su puño, su postura de guardia erguida, esperando con valentía la estocada, sin cubrir ninguno de sus costados. Desenvainé mi espada, al hacerle frente y compararlas era evidente que mi arma era claramente superior pero empezaba a notar los efectos del veneno, mis músculos se empezaban a poner rígidos, mis reflejos estaba algo mermados y mi rapidez era casi la de un simple humano.
Barnabás se empezó a reír y con su tono de voz peculiar dijo que suponía que ahora tendría la habilidad de un simple humano, el veneno de Zavodnica era tan letal como su arte de la seducción, así al menos aquel combate estaría más igualado ya que él era humano.
Estaba claro, no solo necesitaba acabar con él para avanzar, sino para alimentarme de su sangre y así recuperar algo de poder, de repente un cuervo descendió de los tejados y se posó sobre la punta de mi espada, permanecí sin inmutarme, no quería que aquella distracción perturbase la lucha, cuando salió volando de nuevo el caballero inició el ataque con estocadas rápidas, frontales y buscando mi cabeza y pecho, estaba claro que quería sacarme los ojos y atravesarme el corazón, pero no era algo de extrañar, sin lugar a dudas era el señor de los cuervos.
Nota del autor: después de tanto tiempo sin poder escribir a causa de los estudios-exámenes de nuevo retoma la historia, este personaje tiene carisma, intentaré sacarle más partido ya que es bastante pintoresco, sobre su nombre bueno, como es de mi costumbre de nuevo empleo un idioma, en este caso el francés y Barnabás Corbeau viene a significar Bernabé Cuervo. En cuanto al jardín busqué alguna foto de alguno real que me gustara y encontré el de la Abadía de Middelburg, me hubiera gustado haber descrito más pero sin caer en el aburrimiento, tal vez cuando reedite este capítulo le fijaré más en los detalles, de momento os pongo la foto para que veais como es el de verdad.

sábado 16 de abril de 2011
Capítulo 35
Leterg atacaba sin darme tregua, con su guadaña destrozando todo a su paso, sus movimientos eran caóticos lo que los hacía aún más peligrosos, al no hacer movimientos rítmicos no conseguía ver su siguiente movimiento. Poco a poco la conduje hasta la escalera donde esperaba mi espada ansiosa por ser empuñada, armado de nuevo pude plantarle cara, me limité a defenderme, subimos las escaleras luchando mientas el sonido de nuestras hojas producía un estruendo en aquella gran sala.
La joven sonreía como poseída por la locura de la batalla, en aquel momento solo tendría en mente mi muerte. El sabor a sangre embargó mi boca, el veneno se estaba apoderando de mis entrañas poco a poco, aunque no me impedían acabar con cada uno de aquellos arrogantes y miserables soldados de Hellsing. Leterg seguía con su huracán asesino mientras yo rehuía sus movimientos, la batalla era interesante, nunca antes había luchado mientras subía escaleras, era una visión épica digna de el mejor libro de aventuras de la época, lo difícil era saber cual de los dos era el bueno y quien el villano, era la lucha de dos seres de corazón oscuro que por capricho del destino nos batíamos en duelo.
La chica se empezaba a impacientar y mi situación no era la más adecuada para alargar aquella diversión, su guadaña tenía una hoja demasiado grande, en cada movimiento necesitaba una breve pausa para cambiar la dirección, su bastón era largo por lo que tenía que fijarse en que no le estorbase nada a su alrededor, si veía algún obstáculo lo destruía antes de que se interpusiera en su libertad de movimientos, en aquellos momentos destrozaba el pasamanos de madera de la escalera, trozos de astillas y maderas volaban a su alrededor, sus ojos se clavaban en mis movimientos pero aquella lucha se estaba haciendo aburrida y viendo las habilidades de la soldado no daría más de sí, con mi espada logré cortar su bastón que para aligerar peso desafortunadamente era de madera, con solo la mitad donde poder empuñar su arma sus movimientos se limitaron, exhausta puede desarmarla en lo alto de las escaleras, su mirada aún conservaba la furia pero su rostro entornaba el pánico de saber que su final estaba allí, en el final de una escalera del mundo terrenal pero ante ella se abriría el comienzo de una escalera hacia lo más profundo del infierno.
La joven arrodillada dejaba caer sus lágrimas sobre el terciopelo rojo de las escaleras, envainé mi espada, por un momento quise perdonar su vida pero mi rabia contenida no lo permitió, cogí la hoja de la guadaña y se la clave en el pecho atravesándola, la fuerza fue tan violenta que acabó clavaba en la pared, justo en el centro del cuadro de Lady Arweinydd, su cuerpo casi inerte daba pequeños espasmos mientras su sangre recorría la pared y le daba al cuadro un tono más adecuado para la figura que mostraba, del rostro de la joven manaban lágrimas de sangre mientras su último suspiro como última nota de una sinfonía puso fin al primer concierto.
Subí las escaleras de la izquierda, sabía bien a donde conducían, el pasillo largo y bien iluminado se extendía por casi toda la fortaleza, a la derecha estaban las distintas habitaciones y estancias de servicio, a la izquierda una gran galería con cristaleras que dejaban ver el patio y jardín interior, con paso firme recorrí aquel pasillo pero cuando miré por las cristaleras una figura sentada en el patio interior me llamó la atención. Se trataba de un hombre que estaba dando de comer a un cuervo, su vestimenta era algo peculiar, no vestía con el uniforme oficial de soldado, su ropa era la de un caballero noble, rebosaba elegancia, ropa negra bien planchada, camisa blanca con cuello alto y una corbata roja con un alfiler dorado con el emblema de la organización. Sobre la fuente de piedra donde estaba sentado tenía apoyada su espada, estaba en calma allí, escuchando el agua caer mientras alimentaba a aquel pájaro.
Tenía claro que iba a reducir aquel lugar a cenizas y aquel pequeño jardín me insultaba, su paz y armonía eran contrarios a mis ideales en aquel momento. Abrí una de las puerta de aquella galería y me dirigí hacia aquel hombre que permanecía inmerso en su labor.
Nota del autor: bueno, sigue la acción, no se que numero de enemigos voy a introducir, tampoco quiero meter demasiados porque se puede hacer aburrido. En el próximo capítulo más, nos leemos
domingo 10 de abril de 2011
Capítulo 34
Sentía como el veneno corrompía mis venas por dentro y como la sangre que fluía con furia se estaba pudriendo, no debía perder mucho tiempo con aquella extraña pareja que se interponía en mi camino.
En aquella sala que solía ser el lugar donde se recibía a los altos cargos la luz iluminaba con claridad cada mobiliario, las lamparas de alcohol resplandecían sin dejar tregua a la oscuridad, el suelo estaba embellecido con una gran alfombra con el escudo de la familia de Hellsing, mientras en los laterales se levantaba bustos de personajes ilustres y grandes lideres de la organización, todos miraban la entrada como si la guardasen, clavando sus fríos ojos de mármol en aquella pesada puerta de madera y acero, en el fondo una gran escalera enmoquetada con terciopelo rojo vivo como la sangre y coronada en lo mas alto de la pared por el cuadro de la actual líder, Lady Arweinydd; aquellas escaleras se dividían en dos dando a largos pasillos cada una que conducían a los distintos lugares de la fortaleza; pero debajo de aquellas escaleras se encondía la entrada a los calabozos, donde se ocultaba a los presos que la organización consideraba valiosos y también para ocultar todas las actividades secretas.
Dejando al margen el lugar, los dos jóvenes armados que custodiaban la entrada no dejaron ni un momento de observarme, con una macabra sonrisa en sus labios en tono burlesco, mientras zarandeaban ligeramente sus respectivas armas. Uno de ellos se inclinó y se presentó, con voz dulce y melódica dijo que se llamaba Lesnah, era un joven chico que por las cicatrices que mostraban sus brazos ya había probado los placeres de la lucha, el otro joven dio un paso adelante y se presentó con voz femenina, para mi sorpresa se trataba de una chica aunque con su vestimenta y corte de pelo parecía un varón, con una voz fina y femenina se presentó con el nombre de Leterg.
Tras aquel breve protocolo de presentaciones me presenté, aunque me conocían lo suficiente para conocer mi nombre pero no lo conveniente para plantarme cara y atreverse a enfrentarse a mi cuando mi fama de caballero portador de la muerte me precedía. Después de aquello el silencio se hizo dueño del lugar, nuestras miradas luchaban entre si para saber el preciso momento en que la batalla empezaría, una de las lamparas de alcohol se empezó a apagar, parpadeando levemente hasta que se apagó y dio comienzo la confrontación.
Cada uno de ellos eligió un flanco y atacaron a la vez, cuando estuve a su alcance el gran mazó se dirigió hacia mi cabeza, desenvainé mi espada con rapidez y lo bloquee para desviar su ataque hacia la guadaña que intentaba decapitarme, con soltura salí dejando caer el mazo por su propio peso que astilló el suelo de madera pero la guadaña que era mas ligera consiguió alcanzarme y herirme levemente en un brazo. El joven mostraba su decepción mientras la chica sonreía complacida de haberme alcanzado, podre ilusos que acabaran sus días en aquel lugar, la inocencia y ternura de sus rostros no me evocarían ningún ápice de compasión, mi espada caería sobre sus cabezas irremediablemente.
Volvieron a ponerse en guardia, sus sonrisas resplandecían, era evidente que disfrutaban con la sangre y la lucha, que en el pasado la muerte se cruzó ante sus ojos y ellos como meros espectadores decidieron mirarla cara a cara para no perder detalle de lo cruel que podía ser la vida.
Como antes los dos jóvenes soldados volvieron a la carga, uno atacando de frente y el otro escogió mi espalda, de nuevo esquivé sus ataques pero decidí darle más emoción al combate, solo era el primero y se estaba haciendo tedioso, clavé mi espada en la escalera, decidí seguir la confrontación desarmado. Viendo esto el joven del mazo empezó a atacarme sin cuartel, esquivaba sus movimientos sin problemas, aquel mazo pesaba demasiado y su volumen dificultaba la visión del objetivo; gotas de sudor manaban de su frente mientras su respiración se aceleraba, oía como cada latido de su corazón empujaba al siguiente, hasta que desafortunadamente en uno de sus ataques el mazo quedó atrapado en el suelo, tratando se sacarlo era presa fácil y por fortuna la chica estaba demasiado lejos para protegerlo aunque su rostro firme e impasible reflejaba la decepción de la evidente derrota de su compañero. De deslicé rápidamente hasta la espalda de aquel joven propinándole un duro golpe en la columna vertebral para que quedara paralizado, indefenso e inmóvil mi presa estaba lista, solo tuve que abrazarlo levemente y morder su cuello con fuerza, tanta que la sangre manaba a borbotones y mis colmillos llegaron a alcanzar el hueso, mientras bebía su néctar carmesí miraba a la otra joven para que le quedara claro que su compañero era solo el aperitivo en aquella sala.
Cuando la ultima gota salió de su cuerpo arranqué con mis dientes su cabeza y la escupí entretanto su cuerpo sin vida caía al suelo. Saboreé con gusto aquella sangre fresca y joven pudiendo así obtener los recuerdos pasados del soldado, sabiendo que se trataba de el hermano de la chica que esperaba ante mi su turno y que ambos sobrevivieron al ataque una manada de licántropos en el pasado, solos y desnutridos vagaron durante días por los bosques de alrededor hasta que se cruzaron con uno de los caballeros de la orden de Hellsing, y adoptándolos los instruyeron en la caza de vampiros y otros seres que amenazaban a los humanos.
Tras aquello, la joven que había sido testigo de como el alma de su hermano pasaba a mejor vida, alzó su guadaña, al observar nuestra lucha se le había abierto el apetito de guerra y no estaba dispuesta a quedarse hambrienta. Sus ojos ardían con furia hasta que arremetió contra mi con su hoja segadora de vidas, era el comienzo de la segunda lucha.
Nota del autor: bueno en este capítulo solo hay lucha, un poco de acción no viene mal, los nombres de los personajes son los anagramas de Hansel y Gretel (Lesnah y Leterg). en la próximo capítulo intentaré hacer una lucha más artística aprovechando el escenario que describí.
Un saludo a todos y gracias por leerme, una vez más me remito a www.actadiurna.es donde estoy reeditando los primeros capítulos de este relato no dudeis en echarle un viztazo
sábado 5 de marzo de 2011
Capítulo 33
Salí de la ciudad apresurado, no podía perder el tiempo, el reloj corría en mi contra y no estaba acostumbrado a tener prisa ya que la certeza de tener toda la eternidad para hacer cualquier cosa siempre me tranquilizó. Por un momento pensé, si solo me quedaban tres días de vida en que podría gastarlos y si verdaderamente invertirlos en ello sería lo más adecuado.
Tras meditar mientras salía de aquella apestosa ciudad, mis pensamientos se centraron en destruir a la organización Hellsing, dada mi condición, era mejor acabar esta existencia llevándome conmigo al infierno a aquellos infames humanos y de paso sumir aquella ciudad en las llamas, en el mas profundo horror, ver en sus calles correr ríos de sangre, volver a escuchar la dulce sinfonía de los gritos de horror acompañados por lo más bellos lienzos de caras de sufrimiento.
Pasaron los dos días, estaba a las puertas de la ciudad de Pravice, todo parecía en calma, no había centinelas de más, nada parecía alterar el orden, como si mi visita no fuera apreciada. Me encaminé por sus calles, sin siquiera confundirme entre las sombras, ya que estaban desiertas, el único movimiento que había era la llama de los faroles que iluminaban mi paso hacia la fortaleza de Hellsing que se levantaba majestuosa ante la ciudad como si la vigilase día y noche sin descanso, y la niebla procedente del puerto se extendía por toda la ciudad como queriéndola ocultar de la realidad.
Mis pasos me llevaron hasta la entrada que estaba velada por dos guardia bien uniformados y armados, con su mirada impasible y estoica. Cuando me acerqué a ellos me saludaron, abriéndome las verjas que rechinaron en el silencio de la noche y me invitaron a pasar. Aquello era de lo más extraño pero conociendo bien a la líder, Lady Arweinydd, no cabía la menor duda que era una trampa y que cada vez me adentraba más en el interior de la boca del lobo, si no tenía la suficiente cautela sus colmillos me desmembrarían.
Tras atravesar los jardines interiores que conducían a la entrada al la fortaleza, las puertas se abrieron ante mi y tras de si, esperándome había un par de jóvenes, con el uniforme de élite de Hellsing, que era de color negro y los bordes de los cuellos y mangas de un rojo carmesí oscuro, casi del color de la sangre, estaba claro que no era así por su estilo, sino por que en caso de marchase de sangre el negro y el rojo la disimularían y podrían pasar desapercibidos ante cualquier humano. En sus manos portaban uno, una guadaña y el otro un mazo de grandes dimensiones que parecía no pesarle dada su escasa corpulencia.
Interrumpieron mi paso, y me comunicaron que no tenía permiso para seguir adelante, pero que ellos tenían ordenes de aniquilarme sin ningún miramiento. No tenía otra opción, tendría que eliminarnos para abrirme paso hasta Lady Arweinydd y su súbdita, la vampiresa que me envenenó.
Nota del autor: el nombre de la Líder de Hellsing "Arweinydd" significa Líder en Galés. Vuelvo a comunicar que los primeros capítulos de esta historia estan publicados en www.actadiurna.es; nos leemos.
viernes 4 de marzo de 2011
Capítulo 32
Me sorprendí de saber que no era el único vampiro al servicio de la organización Hellsing, ella se presentó educadamente con su nombre Zavodnica, por mi parte hice lo mismo y tras ello desenvainó sus espadas, su brillo era azulado por lo que sus hojas no eran normales; acepté el reto desenvainando mi espada sin perderla de vista, entonces ella inició una extraña danza con sus dos espadas curvadas, sus movimientos eran suaves pero rápidos, podía infundir la confusión de su contrincante; empezó a avanzar paso a paso sin dejar de realizar aquella siniestra danza con sus espadas que contaban el aire, las sombras y la escasa luz ayudaban en su ritual ya que parecía acercase lentamente cuando en realidad sus movimientos la aproximaban rápidamente hacia mi.
Dejé que se aproximase, tenía curiosidad de saber su estrategia, cuando estuve a su alcance despareció ante mi, sus movimientos eran felinos, sincronizados, calculados y a la vez sensuales; de nuevo apareció a mi espalda, a distancia, acercándose de nuevo con su extraño baile de noche, y cuando estuvo de nuevo a mi alcance volvió a desaparecer de nuevo para situarse a uno de mis lados, su danza tenía alguna extraña razón que no llegaba a comprender.
Realizó este movimiento repetidas veces hasta que por cansancio o por que me estaba hipnotizando ataqué pero no la alcancé, era espléndidamente agil, sus pies no pisaban el suelo, lo acariciaban casi sin tocarlo.
La noche avanzaba mientras nos batíamos en duelo, o compartíamos aquella extraña velada, mi espada se impacientaba por probar su sangre, ella seguía con su danza macabra mientras me confundía, entonces, en uno de sus aproximaciones atacó, realizó un giro tan rápido que apenas pude verlo y logró cortarme en el pecho rasgando mi vestimenta e incluso en el cuello me hizo un ligero arañazo que sangró ligeramente. Tras esto ella se alejó, complacida, sonriendo perversamente, disfrutando de aquel momento, envainado sus espadas para mi sorpresa y lanzándome un beso de manera picaresca; su extraño comportamiento me desconcertó, ella se acercó para con tono burlesco decirme que por mi sangre corría un potente veneno, extraído de un antiguo demonio y que me quedaban pocos días de vida a menos que encontrará su antídoto.
Viendo su aparente victoria la dejé hablar, de nada servía en ese momento atravesarla con mi espada si no descubría mi antídoto; en aquel momento, ella descubrió su brazo tras la cual se veía una piel blanca y fina, con un dedo señaló una de sus venas, con voz calmada y sensual dijo que el antídoto era la sangre que corría por sus venas, su fría pero ardiente sangre.
Después de aquello volvió a cubrir su brazo desnudo y con mirada seductora sonrió para decirme que nos veríamos en la ciudad de Pravice donde se encontraba la fortaleza de Hellsing antes de tres días ya que el veneno sería efectivo en ese plazo, tras aquello desapareció entre las sombras y nieblas del lugar quedándome con la miel en los labios.
Aquello me enfureció pero a la vez me atrajo sobremanera la idea de acabar con ella, bebiéndole hasta la última gota de su sangre, no pude contener mi apetito y tras buscar algún pobre infeliz que saciara mi sed aquella noche lo encontré, se trataba de una joven chica, no tendría más de quince años pero ya poseía el cuerpo de una mujer, siempre sentí debilidad por la sangre femenina es mucho más dulce; por la forma que vestía se trataría de alguna camarera o posadera lo cual confirmé cuando olí su delicado cuello que desprendía el inconfundible olor del vino; clavé mis colmillos para absorber su ánima entonces como solía pasar vi sus recuerdos en su sangre, entonces pude ver de nuevo a Liath montada en un caballo de color marrón y brillo castaño paseando por las calles de aquella ciudad, como había pedido una habitación a aquella chica que tuvo la mala suerte de cruzarse aquella noche ante mi; tiré su cuerpo marchito al suelo y corrí hacia la taberna donde trabajaba para ver si seguía allí Liath pero no estaba, ni ella ni su caballo en los establos, parece que se había marchado hacía poco en alguna dirección que no pude saber, maldiciendo su traición.
Nota del autor: bueno como de costumbre, significado de nombres; "Zavodnica" significa vampiresa en croata y el nombre de la ciudad "Pravice" significa justicia en esloveno, para que lo sepáis XD.
Otra noticia, voy a reeditar los primeros capítulos de este relato, los publicare en la página www.actadiurna.es, ya que al principio no tenia muy claro como enfocar la historia y tal vez este en disonancia con el actual contexto.
Sin más me despido, nos leemos.

