Llegue a la taberna a media noche donde habíamos pactado vernos. La taberna era oscura tanto como los seres que en ella se encontraban, todos con ojos asesinos y semblantes siniestros ocultos tras ropajes que los confundieran con la muchedumbre, el aire estaba viciado pero el olor a sangre era inconfundible, las manos de aquellos seres estaban manchadas de sangre, con una mano levantaban la jarra para beber pero con la otra acariciaban la empuñadura de su espada deseando probar una noche mas el dulce sabor de la sangre inocente.
Atravesé el lugar despacio, tratando de pasar inadvertido ante tantos ojos acechadores, pero era en vano, cada par de ojos ya me había observado lo suficiente para saber que era y trataban de imaginar que me traía por aquel lugar. Entre sombras logre ver a Liath sentada en una silla con las botas sobre la mesa, parecía increíble la osadía de aquella muchacha que ni siquiera en aquel lugar mostraba un ápice de miedo o respeto, ¿a caso no fluía por sus venas sangre o era hielo?, fuera lo que fuera hacia que me atrajese mas.
Me acerque a ella y coji una silla para sentarme a la mesa, levanto sus preciosos ojos de color miel con ese brillo verde que te hechizaba en el mismo momento que te robaba el corazón para después quitarte el alma, me miro y me saludo, le propuse invitarla a tomar algo en aquel lugar si es que hubiera algo que mereciera probar sin contar los labios de Liath, ella rechazo mi invitación y con gesto enfurecido y entusiasmado me pregunto por las presas que serian merecedoras de probar el acero de su espada, sonreí complacido y le explique que había muchas presas que nos deleitarían con una buena batalla, había dioses crueles, bestias del averno, titanes, elfos oscuros, hechiceros…pero decidí hablarle de un lugar, una cueva remota en cuyo interior había unas puertas de oro, selladas para que nada las atravesaras y que escondían los peores horrores de aquellos que osaban cruzarlas, solo la cueva estaba poblada por demonios sicarios destinados por el mismísimo Belcebú para guardar el tesoro que guardaban en su interior o era la mayor de las maldades fuera lo que fuera era un desafió digno de vivirse.
Liath me miraba entusiasmada a cada palabra que salía de mi boca contándole las leyendas de aquel lugar, me sujeto fuerte del brazo y me pregunto donde se encontraba dicha cueva, le respondí que a 3 días caminando hacia el este y que partiríamos cuando quisiera. Se levanto de un salto y salio de la taberna como alma llevada por el diablo, la seguí hasta las calles de Camelot, dio un silbido y apareció su magnifica yegua, monto sobre ella y me invito a subir pero no es de mi gusto ir a lomos de un caballo, era un vampiro y ningún caballo podría alcanzar mi velocidad, Liath sonrió, espoleo a su yegua y salio corriendo hacia el este en busca de aventura y diversión.
martes 10 de abril de 2007
Capitulo 9
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2 comentarios:
eres falso no dices la verdad solo quieres tener pubilcidad
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