lunes 23 de noviembre de 2009

Capítulo 18

Nuestras espadas se encontraron, el sonido del acero resonó en toda la catedral como si de un relámpago se tratara, ambos teníamos espadas similares pero él la manejaba como si fuera una pluma, no luchaba contra mí, danzaba ante mi mientras intentaba esquivar y detener una y otra vez sus continuos ataques. Metzger saboreaba el momento, se regodeaba de su habilidad y de su superioridad técnica, su espada parecía una serpiente estrangulando la mía a cada momento, sus movimientos sinuosos me hipnotizaban y me hacían caer en sus trampas hasta que su espada pudo alcanzarme y hacerme un corte en el brazo, Metzger sonreía ante aquel patético arañazo como preludio de su victoria, en sus ojos se podía ver lo convencido que estaba de ganar.

Entonces un golpe de suerte hizo que mi espada escapara de mis manos y fuera a clavarse en unos de los pilares de la catedral. Desarmado tenía pocas posibilidades de vencer, Metzger se jactaba de su superioridad con el acero, reía y disfrutaba con aquella visión mientras observaba mi entorno tratando de encontrar una alternativa. El maldito bastardo protegía mi espada para que no me pudiera cogerla, su sonrisa se clavaba en mi orgullo pero no tenia mas alternativa, me acerqué lo mas que pude al altar donde tenían a Liath, allí le di un puñetazo a un encapuchado y me hice con su arma, ahora tenía una espada para defenderme, los secuaces de Metzger se quedaron estupefacto y miraron a su señor esperando una orden, él clavó su espada en el suelo y aplaudió mi acto, volvió a empuñar su espada y me atacó, rápidamente cogí a su esbirro que se encontraba en el suelo y lo utilicé de escudo, su espada lo atravesó, aproveche aquel momento para situarme con astucia tras el y mostrarle lo frío que es el acero en el cuello.

Metzger empezó a reírse y me susurro; “No eres mas que un Edipo que asesinó a su padre para volverte ciego con el poder, cuando verdaderamente abriste los ojos y vistes la verdad quisiste buscar tu redención con el destierro, crees que con esa mujer podrás expiar tus pecados pero no olvides esto, maldito naciste y maldito acabaras tus días”. Cuando empuñe con fuerza mi espada para degollar a aquel bastardo, sus esbirros se abalanzaron contra mi, en aquel momento tuve que defenderme de las seis espadas que me querían dar caza, Metzger escapó de entre mi espada y se dirigió al altar para coger a la desprotegida Liath y llevársela. De un salto atravesó la gigantesca ventana de la catedral y una lluvia de cristales cayeron al suelo. Para cuando me pude deshacer de los encapuchados ya era demasiado tarde, Metzger había escapado con Liath y ningún rastro encontré en aquella noche tal larga en la que perdí a la mujer por la que mi existencia tenía un motivo.

2 comentarios:

Liath Mayfair dijo...

Bueno, bueno. Precioso lo del final.
Pero Liath no la recordaba una mortal ta desvalida.
Espero impaciente a la próxima

chikita_atiti dijo...

Muy bueno...es mas me gusto tanto que quise comentarlo y me tube que crear un blog...de verdad espero que sigas escribiendo...Exelente historia...