sábado 24 de abril de 2010

Capítulo 21

Su mirada me atravesaba como si fuera el aire viciado de aquel lugar, su sonrisa llena de locura y de desesperanza relucía en la extraña bruma que lo rodeaba. Desenvainé mi espada y me dirigí hacia él con pasos lentos pero decididos, deseaba endir mi espada en su corazón y retorcerla para que sintiera el dolor que yo tenia en mi pecho, pero cuando estuve delante de aquel maldito desdichado, decidió tirar su espada al suelo que llegó a mis pies. Este acto me desconcertó pero no me hizo bajar la guardia, su sonrisa se apagó y su rostro se volvió tenso y duro como el mármol, su mirada cambió y de una locura pasó a la mayor tranquilidad, un suspiro resonó entre sus labios y con voz serena y pausada se dirigió a mi. En primer lugar se disculpó por todo lo sucedido, la casualidad hizo que la dama que raptó fuera mi protegida, pero para que estas disculpas fueran sinceras decidió contarme su historia, que tal vez yo desconocía y que por mi sangre fluía en forma de recuerdos perdidos.

Envainé la espada y acepte como buen caballero a escuchar sus escusas las cuales serian juzgadas por mi razón, ya que su vida dependía de la sinceridad de sus palabras. Inició su historia en lejanas tierras, durante el reinado de mi padre, los vampiros eran una clase noble que conservaba lo que antaño eran pero que el tiempo y los vicios hizo caer en desdicha, nobles guerreros eran ahora sanguinarias criaturas sedientas de sangre y poder, conspiraciones y traiciones estaban a la orden del día; y entre todo aquello, estaba el joven
Metzger, hijo de una clase noble baja que no se caracterizaba por su fuerza física pero si por su inteligencia. El destino hizo que el joven Metzger se enamorara de una chica humana de uno de los pueblos cercanos al castillo, estos acabaron enamorándose el uno del otro y con la esperanza de poder hacer realidad su amor deberían irse de aquel lugar y abandonar lo que sus familias o tal vez sus mundo les impedía. La joven se llamaba Emma, hija de una familia rica en aquel lugar pero de ideas religiosas muy rectas y radicales. Cuando la familia de la chica supo de su amor con el vampiro la enclaustraron y la condenaron por herejía, por ir en contra de las leyes de la naturaleza y por tanto de las doctrinas de dios, su sentencia fue tajante, morir en la hoguera como una hechicera. Metzger supo lo sucedido y decidió rescatarla pero el rey de los vampiros que ya sabía sus aventuras hizo que lo capturarán y que lo encadenaran por su atrevimiento. Su castigo sería la muerte de su amada y el destierro de él y su familia. La familia de los Metzger tomó cartas en el asunto e intentó negociar pero el rey creyendo que iban en contra de sus decisiones y con los pasillos del castillos llenos de susurros que decían rebelión decidió aniquilarlos como muestra de su poder y las consecuencias de poner en duda su juicio.

Aquella noche fue lenta, los minutos pasaron como horas en aquel calabozo donde el joven
Metzger estaba encadenado y desesperado por salvar a su amada pero no puedo hacer nada, la joven fue quemada viva en la hoguera con la mirada fija en el castillo donde moraba su amado que la había dejado morir. Metzger con lágrimas en los ojos y la rabia fluyendo por sus venas pudo romper las cadenas pero cuando llegó al pueblo solo le esperaban las cenizas de su amaba. La cólera se apoderó de su mente y arrasó en aquella noche con el pueblo. Miró hacia el castillo y juro vengarse para después exiliarse de aquel lugar.

La historia cambió y el rey murió asesinado por su propio hijo, el que ahora escucha esta historia y reaviva este recuerdo. Los sentimientos de venganza se desvanecieron pero el anhelo de su amada hicieron de la magia negra su motivación, encontró la forma de devolverle la vida a su amaba, para ello necesitaba la sangre de seis jóvenes puras que no hubieran yacido con hombre, y por último a una mujer con tal fuerza y valentía que pudiera alvergar el alma de su amada. Todo esta saliendo bien hasta que el destino hizo que la mujer destinada a albergar el alma de su amada fuera la protegida del hijo del rey de los vampiros, y que este estuviera tan decidido a luchar por ella que desvaretaría los planes del desesperado
Metzger.

Al escuchar su historia sentí lastima y la ira contenida en mi interior se desvaneció, no podía asesinar a aquella criatura tan castigada por su destino que en su interior sabía que la muerte sería un alivio a sus sufrimientos pero que al otro lado no podría reunirse con su amada, ya que ella se encontraría en el paraíso celestial y él acataría en lo mas profundo del infierno torturado por toda la eternidad. Envainé mi espada, él me miró y me indicó donde se encontraba Liath, que la liberara y no la dejara escapar. Pero de entre las sobras de aquel lugar una figura se abalanzó sobre
Metzger y clavándole un puñal en el corazón se deshizo de él.

La sorpresa fue inesperada cuando aquella figura se dejó ver y se trataba de Liath, ahora el
Metzger era ceniza y de Liath salían toda clase de blasfemias a su persona y escupía sobre las cenizas en las que se había combertido. El puñal que portaba era extraño y poco después de acabar con la vida del vampiro, aquella arma se desvaneció y dejó una marca en la mano de la joven Liath que cansada y desnutrida se desvaneció y antes de que cayera al suelo la pude recoger en brazos.

2 comentarios:

ana dijo...

eres el mejor me fasina tu libro hojala y asi sean todos tus libros que escribas son muy interesantes

Lord_Alucard dijo...

Solo intento que sean entretenidos, hace tiempo me ronda por la cabeza la idea de publicar este diario en libro, pero todavia quedan muchos capítulos y la historia solo acaba de comenzar.

Un saludo y gracias de nuevo por leerme