Sentía como el veneno corrompía mis venas por dentro y como la sangre que fluía con furia se estaba pudriendo, no debía perder mucho tiempo con aquella extraña pareja que se interponía en mi camino.
En aquella sala que solía ser el lugar donde se recibía a los altos cargos la luz iluminaba con claridad cada mobiliario, las lamparas de alcohol resplandecían sin dejar tregua a la oscuridad, el suelo estaba embellecido con una gran alfombra con el escudo de la familia de Hellsing, mientras en los laterales se levantaba bustos de personajes ilustres y grandes lideres de la organización, todos miraban la entrada como si la guardasen, clavando sus fríos ojos de mármol en aquella pesada puerta de madera y acero, en el fondo una gran escalera enmoquetada con terciopelo rojo vivo como la sangre y coronada en lo mas alto de la pared por el cuadro de la actual líder, Lady Arweinydd; aquellas escaleras se dividían en dos dando a largos pasillos cada una que conducían a los distintos lugares de la fortaleza; pero debajo de aquellas escaleras se encondía la entrada a los calabozos, donde se ocultaba a los presos que la organización consideraba valiosos y también para ocultar todas las actividades secretas.
Dejando al margen el lugar, los dos jóvenes armados que custodiaban la entrada no dejaron ni un momento de observarme, con una macabra sonrisa en sus labios en tono burlesco, mientras zarandeaban ligeramente sus respectivas armas. Uno de ellos se inclinó y se presentó, con voz dulce y melódica dijo que se llamaba Lesnah, era un joven chico que por las cicatrices que mostraban sus brazos ya había probado los placeres de la lucha, el otro joven dio un paso adelante y se presentó con voz femenina, para mi sorpresa se trataba de una chica aunque con su vestimenta y corte de pelo parecía un varón, con una voz fina y femenina se presentó con el nombre de Leterg.
Tras aquel breve protocolo de presentaciones me presenté, aunque me conocían lo suficiente para conocer mi nombre pero no lo conveniente para plantarme cara y atreverse a enfrentarse a mi cuando mi fama de caballero portador de la muerte me precedía. Después de aquello el silencio se hizo dueño del lugar, nuestras miradas luchaban entre si para saber el preciso momento en que la batalla empezaría, una de las lamparas de alcohol se empezó a apagar, parpadeando levemente hasta que se apagó y dio comienzo la confrontación.
Cada uno de ellos eligió un flanco y atacaron a la vez, cuando estuve a su alcance el gran mazó se dirigió hacia mi cabeza, desenvainé mi espada con rapidez y lo bloquee para desviar su ataque hacia la guadaña que intentaba decapitarme, con soltura salí dejando caer el mazo por su propio peso que astilló el suelo de madera pero la guadaña que era mas ligera consiguió alcanzarme y herirme levemente en un brazo. El joven mostraba su decepción mientras la chica sonreía complacida de haberme alcanzado, podre ilusos que acabaran sus días en aquel lugar, la inocencia y ternura de sus rostros no me evocarían ningún ápice de compasión, mi espada caería sobre sus cabezas irremediablemente.
Volvieron a ponerse en guardia, sus sonrisas resplandecían, era evidente que disfrutaban con la sangre y la lucha, que en el pasado la muerte se cruzó ante sus ojos y ellos como meros espectadores decidieron mirarla cara a cara para no perder detalle de lo cruel que podía ser la vida.
Como antes los dos jóvenes soldados volvieron a la carga, uno atacando de frente y el otro escogió mi espalda, de nuevo esquivé sus ataques pero decidí darle más emoción al combate, solo era el primero y se estaba haciendo tedioso, clavé mi espada en la escalera, decidí seguir la confrontación desarmado. Viendo esto el joven del mazo empezó a atacarme sin cuartel, esquivaba sus movimientos sin problemas, aquel mazo pesaba demasiado y su volumen dificultaba la visión del objetivo; gotas de sudor manaban de su frente mientras su respiración se aceleraba, oía como cada latido de su corazón empujaba al siguiente, hasta que desafortunadamente en uno de sus ataques el mazo quedó atrapado en el suelo, tratando se sacarlo era presa fácil y por fortuna la chica estaba demasiado lejos para protegerlo aunque su rostro firme e impasible reflejaba la decepción de la evidente derrota de su compañero. De deslicé rápidamente hasta la espalda de aquel joven propinándole un duro golpe en la columna vertebral para que quedara paralizado, indefenso e inmóvil mi presa estaba lista, solo tuve que abrazarlo levemente y morder su cuello con fuerza, tanta que la sangre manaba a borbotones y mis colmillos llegaron a alcanzar el hueso, mientras bebía su néctar carmesí miraba a la otra joven para que le quedara claro que su compañero era solo el aperitivo en aquella sala.
Cuando la ultima gota salió de su cuerpo arranqué con mis dientes su cabeza y la escupí entretanto su cuerpo sin vida caía al suelo. Saboreé con gusto aquella sangre fresca y joven pudiendo así obtener los recuerdos pasados del soldado, sabiendo que se trataba de el hermano de la chica que esperaba ante mi su turno y que ambos sobrevivieron al ataque una manada de licántropos en el pasado, solos y desnutridos vagaron durante días por los bosques de alrededor hasta que se cruzaron con uno de los caballeros de la orden de Hellsing, y adoptándolos los instruyeron en la caza de vampiros y otros seres que amenazaban a los humanos.
Tras aquello, la joven que había sido testigo de como el alma de su hermano pasaba a mejor vida, alzó su guadaña, al observar nuestra lucha se le había abierto el apetito de guerra y no estaba dispuesta a quedarse hambrienta. Sus ojos ardían con furia hasta que arremetió contra mi con su hoja segadora de vidas, era el comienzo de la segunda lucha.
Nota del autor: bueno en este capítulo solo hay lucha, un poco de acción no viene mal, los nombres de los personajes son los anagramas de Hansel y Gretel (Lesnah y Leterg). en la próximo capítulo intentaré hacer una lucha más artística aprovechando el escenario que describí.
Un saludo a todos y gracias por leerme, una vez más me remito a www.actadiurna.es donde estoy reeditando los primeros capítulos de este relato no dudeis en echarle un viztazo


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